viernes, 2 de septiembre de 2016

POEMAS RECUPERADOS (1975-1981)

POEMAS RECUPERADOS 

De la misma época de DIARIO POÉTICO (1975-1981) son estos POEMAS RECUPERADOS, que fueron reescritos muchos años después tratando de conservar el sentido original.

FINAL (O CONFESIÓN AUSENTE)

Yo no escribo.
Es como alguien, hace mucho, dijo:
“Estoy habitado: hablo a los que fui
y los que fui me hablan”.
Que esta sea la verdad, la guía.
Voces de poetas desconocidos
balbucean en mí. 
No me creas demasiado.
No estoy iluminado. 
Soy el antihéroe,
el que trata de ser,
una sombra 
escribiendo 
esbozos de poemas.
“Yo no quiero morir”, asegura uno de ellos.
Y sin embargo es un escéptico.

REENCUENTRO 

Fue en el entonces almacén y café “El Halcón”,
en esta ciudad de broncas y grises.
Y hubo una tarde oscura, 
de esas a las que hay que ir acostumbrándose
o hundirse con ojos y penas en tanto silencio.
Y unas 40 o más cuadras, 
40 nostalgias
que nos separaban desde el inicio.
¿Qué indiferencia clamó callando?

Fue un reencuentro: una resurrección.
Poca y única luz 
de ese domingo ventoso 
atardeciendo.

MEDIADOS DE OCTUBRE

Para nosotros fue un mes singular.
¿Qué hizo de octubre una honda vivencia?
Quizás el tiempo, 
el aire, 
el cielo,
la calma de los días,
el regreso a ciertos lugares y horarios,
las mismas casas,
los encendidos recuerdos.
La luna y un estado de plenitud infinita.
La música perdurando en el viento.
Tu risa destemplada 
trasladándose
de un barrio 
a otro.
La luz del presente.
Y los atardeceres 
que se disgregan…

EL AIRE DE UNA TARDE 

Ya se ha nublado 
después de una
mañana fúnebre
y lejana.
En sus ojos 
el sol brillaba 
templando 
la metrópolis.

Mañana fúnebre
y casi lejana. Remota.
Cada vez más lejana.

Tarde de anticipado estío,
de agotamiento,
de amarillo cercano,
de verdegris olvido.

Llega la brisa. 
Olvido, búsqueda y memoria.
Hay páginas que esperan ser llenadas.

TRAZOS DEL ADIÓS

Derrumbado sobre la calle
quisiera partir al ocaso
con la quimera 
del ideal irrealizable,
con la garganta seca
por las derrotas,
con el tiempo en andas,
para nada.
Así quisiera encontrarme:
íntegro en espíritu
y forjando ilusiones,
hablando solo,
comprendido acaso
por unos pocos amigos
o acaso por nadie.
Me despedirá el viento del otoño.
Y allá, lejos,
el amor primero
desde un retrato.

HASTA AHORA 

Alguna vez los árboles 
fueron toda mi primavera.
de oro los jazmines de tu tibieza, 
El vaso de la memoria
ha desbordado 
lloro sentado
al borde de una 
de mis tantas muertes, 
peleándole
a la destrucción
y al descreimiento.

AGITACIÓN

Caen las primeras agujas.
Parecen de plomo.
Debajo de la taza de café 
hay una vereda, 
una hondonada, 
una mujer. 
un cielo agitado por 
los vaivenes terrestres.
Hoy está permitido
mezclar todo.
Como
la Biblia
y el calefón.

IMPRESIONES DE FINES DE LOS '70

Esta lluvia no es casi nada: 
una mojadura, 
caracoles que trepan por la medianera, 
balcones deshojados.
Tiene el poder, sin embargo, 
de acelerar los encuentros,
de extender las manos.
O de estar, 
a media tarde 
sin saber donde ir,
sin encontrar la avenida 
y sus cortadas.

Mi soñar es un ave en la siesta. 
Ha venido corriendo 
a la sombra del álamo.
Tu rostro se desdibuja. 
Calendario.

MIÉRCOLES DE PRIMAVERA

No hay temporal  
que castigue la luz de este día,
ni angustias ni nostalgias que lo nublen.
Sola, la tarde azul.

El silencio de la brisa trae el aroma
del jardín, un pleamar en la azotea.
Los gorriones esperan la hora del ocaso,
próxima a la definitiva paz.

Por la ventana:
edificios,
terrazas,
luz rojiza en faroles:
¡la luz del día de primavera!

Cantan las estrellas y la luna cercana.
Un secreto mágico de cuentos,
de libros de infancia, 
juegos, 
fogatas,
mañanas puras,
vuela hacia otros ocasos.

En este miércoles pacífico, 
atardece la infancia.

Sola, la tarde azul.

CORAZÓN EN LLAMAS

Puedo mirar a través de la sangre.
Es el destino de las alturas
que no revelaron su nombre.
La gloria es la corona de jazmines
y la pureza, inocencia sin traspasar.

Todas las heridas destilan luz:
es el destino de los despojados,
corazón del Justo que en su última hora
irradia perdones.

A través de la sangre, 
cáliz de dolor y grandeza,
se espejan los vestigios 
de mis propias miserias.

Oscurece en el Huerto. 
Un viento sombrío 
llega desde la luna.

Su corazón en llamas
ilumina en soledad
desde siempre
el corazón de los desesperados.

DIECIOCHO DE JULIO DE 1975

Estoy recostado en mis faltas.

Ya no caben más arañas en los torres que rodean las murallas.
El tiempo transcurre como un ejercicio sin sangre, 
neblina en los hangares del diablo.
Sólo Dios sabe de este silencio en mi caverna. 

                                                            ///


Los Adelantados conocían dos palabras: nada y espanto.

De noche, cuando lloraban los ídolos, 
las gargantas se empañaban
y la linfa brotaba en cada laberinto. 

                                                           ///


Vino el Esclavo. Pendía de un agujero negro.

Debajo, los aparatos de relojería 
medían la vejez y sus consecuencias.
Por el sur, golondrinas.

                                                          ///


El encuentro se realizó en la avenida del Diluvio.

Hacia allá fuimos con la idea de fotografiar al Verdugo.
Sonreía desde el árbol donde colgaba. 
           
                                                         ///

Es una tarde plagada 

de 
balcones, 
cúpulas 
            y aguijones sobre la oficina.

Los planetas giran aceleradamente sobre sus órbitas.

Y los canallas nada dicen.
Sólo ven una estrella sanguinolenta 
en la luz austral.

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