POEMAS RECUPERADOS
De la misma época de DIARIO POÉTICO (1975-1981) son estos POEMAS RECUPERADOS, que fueron reescritos muchos años después tratando de conservar el sentido original.
FINAL (O CONFESIÓN AUSENTE)
Yo no escribo.
Es como alguien, hace
mucho, dijo:
“Estoy habitado:
hablo a los que fui
y los que fui me
hablan”.
Que esta sea la
verdad, la guía.
Voces de poetas
desconocidos
balbucean en mí.
No me creas
demasiado.
No estoy iluminado.
Soy el antihéroe,
Soy el antihéroe,
el que trata de ser,
una sombra
escribiendo
esbozos de poemas.
escribiendo
esbozos de poemas.
“Yo no quiero morir”,
asegura uno de ellos.
Y sin embargo es un
escéptico.
REENCUENTRO
Fue en el entonces almacén y café “El Halcón”,
en esta ciudad de broncas y grises.
Y hubo una tarde
oscura,
de esas a las que hay que ir acostumbrándose
de esas a las que hay que ir acostumbrándose
o hundirse con ojos
y penas en tanto silencio.
Y unas 40 o más
cuadras,
40 nostalgias
40 nostalgias
que nos separaban
desde el inicio.
¿Qué indiferencia
clamó callando?
Fue un reencuentro: una resurrección.
Poca y única luz
de ese domingo ventoso
atardeciendo.
MEDIADOS DE OCTUBRE
de ese domingo ventoso
atardeciendo.
MEDIADOS DE OCTUBRE
Para nosotros fue un mes
singular.
¿Qué hizo de octubre una honda vivencia?
Quizás el tiempo,
el
aire,
el cielo,
el cielo,
la calma de los días,
el regreso a ciertos
lugares y horarios,
las mismas casas,
los encendidos recuerdos.
La luna y un estado
de plenitud infinita.
La música perdurando en el viento.
Tu risa destemplada
trasladándose
La música perdurando en el viento.
Tu risa destemplada
trasladándose
de un barrio
a otro.
a otro.
La luz del presente.
Y los atardeceres
que se disgregan…
que se disgregan…
EL AIRE DE UNA TARDE
Ya se ha nublado
después de una
mañana fúnebre
y lejana.
En sus ojos
el sol brillaba
templando
el sol brillaba
templando
la metrópolis.
Mañana fúnebre
y casi lejana. Remota.
Cada vez más lejana.
Tarde de anticipado
estío,
de agotamiento,
de amarillo cercano,
de verdegris olvido.
Llega la brisa.
Olvido, búsqueda y memoria.
Hay páginas que esperan ser llenadas.
Olvido, búsqueda y memoria.
Hay páginas que esperan ser llenadas.
TRAZOS DEL ADIÓS
Derrumbado sobre la
calle
quisiera partir al
ocaso
con la quimera
del ideal irrealizable,
del ideal irrealizable,
con la garganta seca
por las derrotas,
con el tiempo en
andas,
para nada.
Así quisiera
encontrarme:
íntegro en espíritu
y forjando ilusiones,
hablando solo,
comprendido acaso
por unos pocos amigos
o acaso por nadie.
Me despedirá el
viento del otoño.
Y allá, lejos,
el amor primero
desde un retrato.
HASTA AHORA
Alguna vez los
árboles
fueron toda mi primavera.
fueron toda mi primavera.
Y de oro los jazmines
de tu tibieza,
El vaso de la
memoria
ha desbordado
y lloro sentado
y lloro sentado
al borde de una
de mis tantas muertes,
de mis tantas muertes,
peleándole
a la destrucción
y al descreimiento.
AGITACIÓN
Caen las primeras
agujas.
Parecen de plomo.
Debajo de la taza de café
hay una vereda,
una hondonada,
una mujer.
un cielo agitado por
hay una vereda,
una hondonada,
una mujer.
un cielo agitado por
los vaivenes terrestres.
Hoy está permitido
mezclar todo.
Como
y el calefón.
IMPRESIONES DE FINES DE LOS '70
Esta lluvia no es casi
nada:
una mojadura,
caracoles que trepan por la medianera,
balcones deshojados.
una mojadura,
caracoles que trepan por la medianera,
balcones deshojados.
Tiene el poder, sin
embargo,
de acelerar los encuentros,
de acelerar los encuentros,
de extender las manos.
O de estar,
a media tarde
sin saber donde ir,
a media tarde
sin saber donde ir,
sin encontrar la avenida
y sus cortadas.
y sus cortadas.
Mi soñar es un ave en la siesta.
Ha venido corriendo
a la sombra del álamo.
a la sombra del álamo.
Tu rostro se
desdibuja.
Calendario.
Calendario.
MIÉRCOLES DE PRIMAVERA
No hay temporal
que castigue la luz de este día,
ni angustias ni nostalgias que lo nublen.
Sola, la tarde azul.
El silencio de la brisa trae el aroma
del jardín, un pleamar en la azotea.
Los gorriones esperan la hora del ocaso,
próxima a la definitiva paz.
Por la ventana:
edificios,
terrazas,
luz rojiza en faroles:
¡la luz del día de primavera!
Cantan las estrellas y la luna cercana.
Un secreto mágico de cuentos,
de libros de infancia,
juegos,
fogatas,
mañanas puras,
vuela hacia otros ocasos.
En este miércoles pacífico,
atardece la infancia.
Sola, la tarde azul.
que castigue la luz de este día,
ni angustias ni nostalgias que lo nublen.
Sola, la tarde azul.
El silencio de la brisa trae el aroma
del jardín, un pleamar en la azotea.
Los gorriones esperan la hora del ocaso,
próxima a la definitiva paz.
Por la ventana:
edificios,
terrazas,
luz rojiza en faroles:
¡la luz del día de primavera!
Cantan las estrellas y la luna cercana.
Un secreto mágico de cuentos,
de libros de infancia,
juegos,
fogatas,
mañanas puras,
vuela hacia otros ocasos.
En este miércoles pacífico,
atardece la infancia.
Sola, la tarde azul.
CORAZÓN EN LLAMAS
Puedo mirar a través
de la sangre.
Es el destino de las
alturas
que no revelaron su
nombre.
La gloria es la
corona de jazmines
y la pureza,
inocencia sin traspasar.
Todas las heridas destilan luz:
es el destino de los
despojados,
corazón del Justo que
en su última hora
irradia perdones.
A través de la
sangre,
cáliz de dolor y grandeza,
cáliz de dolor y grandeza,
se espejan los
vestigios
de mis propias miserias.
de mis propias miserias.
Oscurece en el Huerto.
Un viento sombrío
llega desde la luna.
llega desde la luna.
Su corazón en llamas
ilumina en soledad
desde siempre
el corazón de los
desesperados.
DIECIOCHO DE JULIO DE 1975
Estoy recostado en mis faltas.
Ya no caben más arañas en los torres que rodean las murallas.
El tiempo transcurre como un ejercicio sin sangre,
neblina en los hangares del diablo.
Sólo Dios sabe de este silencio en mi caverna.
///
Los Adelantados conocían dos palabras: nada y espanto.
De noche, cuando lloraban los ídolos,
las gargantas se empañaban
y la linfa brotaba en cada laberinto.
///
Vino el Esclavo. Pendía de un agujero negro.
Debajo, los aparatos de relojería
medían la vejez y sus consecuencias.
Por el sur, golondrinas.
///
El encuentro se realizó en la avenida del Diluvio.
Hacia allá fuimos con la idea de fotografiar al Verdugo.
Sonreía desde el árbol donde colgaba.
///
Es una tarde plagada
de
balcones,
cúpulas
y aguijones sobre la oficina.
Los planetas giran aceleradamente sobre sus órbitas.
Y los canallas nada dicen.
Sólo ven una estrella sanguinolenta
en la luz austral.
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