jueves, 22 de septiembre de 2016

DE OCTUBRE (2009-2013)

DE OCTUBRE (2009-2013)

AMARILLO SOL, OCRES INESPERADOS
                                        
                                                             A Luis, de la isla Saint Michel.
                                                              
Vida a la intemperie.
Paraísos de la calle Hipólito Yrigoyen a la altura de Almagro.
Ya comienza el otoño.
Edificios nuevos.
Casas derruidas.
Fábricas y galpones que fueron.

Y a pesar del óxido en las vigas
es hermoso contemplar el ocre de las hojas
el amarillo sol y los verdes deslucidos
la Basílica de San Carlos
las altas ventanas de la lnspectoría Salesiana
el baño de amarillo sobre los ocres inesperados

Herido de vida Luis sufriente
arrullo esta escena de barrio
con devoción casi religiosa
(vendrá mañana tal vez borrosa
y en sombras)

Y a pesar del óxido en las vigas
es hermoso contemplar el ocre de las hojas
                                          el amarillo sol y los verdes deslucidos
sin responder al llamado 
                                           de dioses temblorosos.

LLAMADO AL TRISTE

algún día…algún día…
volverás ¿no?
la piedra azul 
descenderá sobre un mar calmo
sin lágrimas
iluminado desde su centro
en el fondo del estanque 
donde crecen corales rojos
has zozobrado en casi todo
ella era lo único bueno y santo que te quedaba
pero ¿por qué estás llorando?
¿por qué llora el alma?
¿no se regocija en la hora del véspero?
¿o sólo otea esta realidad de error, confusión e iniquidad?

levantá tu cabeza como el león,
bebé del día, 
del rostro
de la muchacha 
                          de ojos grises,
de los golpes de tambores 
al ritmo de tu ansia

hay que mirarse de cerca, 
frente a un espejo,
para ir bien al fondo, 
a fondo
y apretar las muelas
hasta que la mandíbula duela.
y gritar con el pecho descubierto
y resistir
y reconstruirse

ESPÍRITU DE ÁRBOL  

A Telmo Otazúa, jardinero municipal porteño.
In memoriam

Aquí vienen el baño de yema,
el barro,
el fluido gratuito de la tipa,
las gotas atrapadas 

por los brazos del jacarandá,
el chorrito de miel del aguaribay.

Y están las lluvias de polen el aire,
los aguaceros de hojas de los plátanos,
las agujas de las casuarinas,
los ocres de los tilos,
los colores rojizos de los álamos del pantano
y la sangre del prunus 

que amaste 
(precipitaciones de corolas, caída de pétalos
sobre la tumba del viejo jardinero).
Porque eso fuiste, padre y hermano mío:
un cuidador de espíritus vegetales,
un escucha de las voces escondidas 

de plantas y arbustos,
un hombre de humus, turba y helecho,
un cantero de luz 

en el vivero de Parque Avellaneda,
un hombre-tierra, terco y tierno,
un árbol sólido,
florecido,
nunca vencido,
siempre renaciendo.

RECUERDOS DE INFANCIA                                        

                                              A don Enrique Diéguez, donde habite

Una mañana.
Un día de ira.
Una escalera y la puerta-cancel.
Una vereda.
Un eclipse de sol.
Un jazmín florecido.
Una ventana.
Un balcón.
Un patio.
Un televisor.
Dos hijas flequillo al viento.
Enrique y mis primeros libros.
Enrique volviendo del centro por la avenida Beiró.
Enrique y la historia del barrio.
Navarro y Campana,
donde Villa del Parque y Devoto se unen.
Enrique y sus relatos.
Enrique-recuerdo.
Enrique-atardeciendo.
Enrique-en-paz.
Ya forma parte del paraíso perdido.
Lo voy a extrañar.

PATRIA INTERIOR

                                  A los manes que nos precedieron en el viaje

No hay beatitud más grande
que el haberlos conocidos, almas queridas que partieron.

El paso de los años 
las hace más cercanas:
en el soplo de vida que infunden,
por la prudencia que masticaron
con dientes de piedra,
por la templanza
que forjaron 
a golpe de martillo,
en los recuerdos redivivos
que aletean junto a las ventanas 
cada tarde.

Sobre los hombros del dolor,
anchas espaldas pacientes,
nos protegieron,
dieron al viento de la calle,
al susto de la noche,
al andar agitado,
esas veredas,
esas baldosas -cada una un mundo-
con sus resquebrajaduras, 
retículas blancas,
guardas ocres,
hilos de agua,
pigmentos de acero y musgo.

Los convoco y nombro: 
Luis, Amalia, Donato, Dolores, Ramón, 
Jacinto, Sara, Cacho,
Cholo, Haydée, Franci, Juancito...  
para que el viento 
que los trae y lleva,
golpée 
furiosamente 
este corazón 
adormilado.

Sí, los presiento, 
manes agrarios
de la patria interior 
que me arrebata,
Arcadia feliz,
tierra abisal 
donde brota 
el héroe,
el santo,
el loco,
el nómade.

Corazón: escúchalos y arde.

LIMONERO       

Tu fiesta de frutos dorados
es ahora
               una cruz sin hojas

mi limonero está muriendo

desconsolado
busca la tierra
                         que lo nutrió:
sueña con
huertos diáfanos
oro antiguo
donde agitó
sus oscuras ramas

En el centro del jardín
agoniza el limonero y no sé 
cómo hablarle, rogarle,
bajo la fina lluvia
de este anticipado otoño, 
no sé con qué pócima, 
elixir conjuro
revivirlo.

¿plantarle un hijuelo, dos, cinco
para que lo acompañe en su soledad
-que es también la mía- y
velen su sueño último?

No te vayas limonero.
                     Mamá está lejos.

Me duermo bajo sus ramas de bronce
esperando un milagro, 
otro milagro,
en este domingo de Resurrección.

EL HOMBRE QUE QUERÍA SER ÁRBOL  

Oteaba la otra ribera,
la plagada de glicinas,
la jubilosa,
la de los días luminosos 
que regresaban.
Estaba destinado
a las guirnaldas,
a las campánulas,
al tamborileo de las casuarinas,
Al inmenso jardín del dios escondido.

Intuyó que había
nuevas y sorprendentes albas
planicies de reposo,
odiseas entre tanta enredadera,
laboreo en aldeas,
pulpas, 
arcanos que arden,
fractales granadas.

A fuerza de arrebatos
cambió su arquitectura: 
entonces fue ungido rey de los alisos:
Pródigo en vientos,
entramado con lluvias y sequías,
mezclado con líquenes, pájaros
y cielos infinitos,
el Hombre fue árbol.
Rodeado de tierras duras -pastosos ocres-, 
musgos verdinegros,
encendió la vida, los días de la vida.

Obra, óleo, estímulo, 
catexia, pulsión,
fluencia, multiversidad, 
savia, vibración.

Silencios. Bruma.

Entonces fue rey, rey del Mundo. 
Rey de paisajes ardidos,
rey de paisajes arrasados.

EL AJENO

No ha de darnos tregua este viaje.
No es cosa de andar con llanto y castigo.
Ya el desprecio es suficiente.

¿Para qué tanto perdón
y mensajes que no devolverán?

De tanto en tanto me pregunto:
qué metal les ha recubierto el cuero,
qué cuero les ha recubierto la piel,
qué piel los ha vestido,

No hay palabra, agujeta o abridor de lata
que pueda meter cisura o rasguño.

Respiro profundo y me sigo inquiriendo.
Persisto centrado en símbolo: 
cruz, rosa, flama.

Ellos no están allí
–tierra de lo consagrado-
en ofensas,
desdenes,
risas de hienas 
y declaraciones.

Camino con mi dios y sólo El sabe...

RESPUESTAS AL CRISANTEMO

Digo que sí, flor de muerto, flor de santa.
Las rosas son lacerantes, antimonia,
pero no por sus espinas.
Pronto se marchitan
y nos dejan sin despedirse.

El amor no es diamante,
coronaria insomne.
No hay que ir a buscarlo.
Tarde o temprano, llega a nosotros
como hiedra venenosa.

Vive sola, manzanilla dulce 
de ojos albos. 
Soporta el dolor
y las macetas con malvones.
Aguanta la humillación
de los agapantos 
extendida por lustros.

No debés cambiar 
por la exigencia de un otro.
Creá tu propia leyenda,
Cultivá la semilla eterna, 
ora et labora, 
sin precio de venta.
Vertí, por fin, tu licor amoroso.

EL ASOMBRO        

Miércoles 17 de febrero de 2010

 

                                       "El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en                                                           buscar nuevos paisajes sino nuevos ojos”. Marcel Proust


Durante siglos la lluvia ha caído
sobre nosotros
lloviendo y lloviendo, hemos visto deambular
los cuerpos encendidos, las madrugadas y los trenes.
Ellos nos llevaron por caminos de viento.
Partimos hacia donde el llamado de la sangre
nos convocara.
Prevalecieron el sueño, el dolor, y apenas, la dicha.

Lo sé porque he mirado desde el corazón.
Desde el sitio de tus ojos he mirado.
Desde el tibio río de tus ojos he mirado.
Y sigo mirando.
Desde una copa vacía, en albas desoladas
he mirado.
Transitando las calles de una ciudad humana
he mirado.

Y he mirado tu pasado: reconstruyendo los días de lluvia,
los días de adolescencia y los tiempos del amor de primavera,
cuando, ¡oh pasajera!, te dormías en atardeces arbóreos.

Si me preguntaras –porque todo lo preguntás- cómo lo sé,
te diré: a través de tus ojos lo he mirado.
Desde el tibio río de tus ojos he visto:
antiguos universos en expansión,
azules árboles reverdecer,
el viento posarse en las avenidas,
los trabajos de la existencia humana,
las edades del universo,
el núcleo de la Tierra enfriándose,
los asteroides caer a mil corazones de energía.
También visto el llanto.
Abrazar la piedra,
cubrir la vida con un océano de vida,
deambular por pasillos y paredes blancas,
entrar a cuartos asépticos
Y celebrar el bautismo de un nuevo día.

Durante milenios, siglos y días
La lluvia ha caído sobre nosotros.
Lloviendo y lloviendo sobre el alma,
tantas veces a la intemperie 
porque no hay
refugio donde cubrirla,
no hay descanso para concederle,
no existe conjuro que aleje el odio
y las devastaciones.

Como animal herido
me alimento de mis poderes,
me nutro del agua del temporal,
suelo acostarme en los empedrados y en las plazas,
y duermo la vigilia de mis sueños.
Me expongo a la lluvia.
Quiero la lluvia.
Aunque tu luz va poco a poco 
secando los goterones
y alejando los aguaceros.
Aunque el resplandor de estos días
Me desnude las excusas.
Porque, con tanta luz 
¿cómo guardaré mi
transfigurada melancolía?
¿qué preguntas fingiré a la desterrada tristeza?
¿Qué canción o elegía recitaré?
¿Cuánta muerte arrojaré en su lugar?

Iluminás mi mirada pluviosa,
Hacés brillar mi espejo nocturno,
Poblás de sol mis jardines abandonados.
Pero yo no te exalto,
Ni creo alrededor tuyo un ídolo
Al cual adorar.
Agradezco que haya amanecido.
Doy gracias por el día.
Doy gracias al equilibrio inestable
De luz y noche,
De alegría y desdicha,
De lo solar y lo lunar,
De lo fasto y lo nefasto.
Agradezco que me ayudes
a mirar por tus ojos,
Descubriendo nuevos abismos
y horizontes no creí llegar.

MIENTRAS ESCRIBO                                 

Escribo mientras zozobro absorto en tu mirada,
recordando las últimas noches.
insomne, tibio, afiebrado.
Evocando tu voz jamás antes escuchada.
Presintiendo unos ojos que no olvido
y palabras que en tantos años no acudieron a mí.

Escribo mientas la galaxia prosigue su navegar,
Irreductible a las pequeñas y grandes alegrías.
Quiero dejar sellado “algo” 
que desde nos “conocemos”
va sedimentando en este corazón.

¿Hablo yo o habla mi corazón?
Es El quien habla y ordena.
Trastocado en su centro, 
pierde las dimensiones de lo humano,
para elevarse hasta lo Inefable.

Es El quien padece las consecuencias
del temporal de Amor que lo azota,
De la lluvia de aguzados goterones.
De esta enfermedad mortal
que padece tan gozosamente.

Y hasta aquí llegan tus signos,
mujer primaveral:
lo nimio se vuelve sagrado,
y lo sagrado, cotidiano, cercano.

¿Cuánto tiempo ha pasado 
desde que acaecimos en la esfera-mundo? 
¿Horas, años, decenios?
¿O he dibujado un eterno presente
que creo irreal por su delicada magia?
¿Es real este tiempo?
¿Son reales tus palabras, salvíficas, abarcantes, 
que sanan mis heridas?
¿O es acaso el milagro de tu irredenta primavera
que nunca declinará?
¿Existe verdaderamente este cordón de oro
que cuido como a una paloma,
amenazadas por fortificaciones 
vanamente construidas?

En esa mujer celeste conviven 
la dulzura y la fuerza,
la alegría y la furia, 
la certeza y lo imprevisible,
la ternura y los sonidos de la sangre.

¿Existe esa mujer? 
¿O la edifiqué en días luminosos,
cuando el peso del dolor 
cedió paso a la aurora?
¿Es real este tiempo?
¿Es real esa mujer-ángel 
cuyo paso liviano 
y sus alas
son apenas visibles 
en el aire de amor?

Si yo la soñara no podría ser más semejante a mi sueño:
fervor que ha derribado la distancia
pasión que avanza al galope de un tropel de caballos
sutileza que arrasa el canto melancólico
aura dorada que clarea como álamo
ternura que destrona antiguas certidumbres.

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