DE
OCTUBRE (2009-2013)
AMARILLO
SOL, OCRES INESPERADOS
A Luis, de la isla Saint Michel.
Vida
a la intemperie.
Paraísos
de la calle Hipólito Yrigoyen a la altura de Almagro.
Ya
comienza el otoño.
Edificios
nuevos.
Casas
derruidas.
Fábricas
y galpones que fueron.
Y a pesar del óxido en las vigas
es
hermoso contemplar el ocre de las hojas
el
amarillo sol y los verdes deslucidos
la
Basílica de San Carlos
las
altas ventanas de la lnspectoría Salesiana
el
baño de amarillo sobre los ocres inesperados
Herido de vida Luis sufriente
arrullo
esta escena de barrio
con
devoción casi religiosa
(vendrá
mañana tal vez borrosa
y en sombras)
Y
a pesar del óxido en las vigas
es
hermoso contemplar el ocre de las hojas
el
amarillo sol y los verdes deslucidos
sin
responder al llamado
de dioses temblorosos.
de dioses temblorosos.
LLAMADO
AL TRISTE
algún
día…algún día…
volverás ¿no?
volverás ¿no?
la
piedra azul
descenderá sobre un mar calmo
descenderá sobre un mar calmo
sin
lágrimas
iluminado
desde su centro
en
el fondo del estanque
donde crecen corales rojos
donde crecen corales rojos
has
zozobrado en casi todo
ella
era lo único bueno y santo que te quedaba
pero
¿por qué estás llorando?
¿por
qué llora el alma?
¿no
se regocija en la hora del véspero?
¿o
sólo otea esta realidad de error, confusión e iniquidad?
levantá tu cabeza como el león,
bebé del día,
del rostro
del rostro
de
la muchacha
de ojos grises,
de ojos grises,
de
los golpes de tambores
al ritmo de tu ansia
al ritmo de tu ansia
hay
que mirarse de cerca,
frente a un espejo,
frente a un espejo,
para
ir bien al fondo,
a fondo
a fondo
y
apretar las muelas
hasta
que la mandíbula duela.
y
gritar con el pecho descubierto
y
resistir
y
reconstruirse
ESPÍRITU DE ÁRBOL
A Telmo Otazúa, jardinero municipal
porteño.
In memoriam
Aquí vienen el baño de yema,
el barro,
el fluido gratuito de la tipa,
las gotas atrapadas
por los brazos del jacarandá,
el chorrito de miel del aguaribay.
Y están las lluvias de polen el aire,
los aguaceros de hojas de los plátanos,
las agujas de las casuarinas,
los ocres de los tilos,
los colores rojizos de los álamos del pantano
y la sangre del prunus
que amaste
(precipitaciones de corolas, caída de pétalos
sobre la tumba del viejo jardinero).
el barro,
el fluido gratuito de la tipa,
las gotas atrapadas
por los brazos del jacarandá,
el chorrito de miel del aguaribay.
Y están las lluvias de polen el aire,
los aguaceros de hojas de los plátanos,
las agujas de las casuarinas,
los ocres de los tilos,
los colores rojizos de los álamos del pantano
y la sangre del prunus
que amaste
(precipitaciones de corolas, caída de pétalos
sobre la tumba del viejo jardinero).
Porque eso fuiste, padre y hermano mío:
un cuidador de espíritus vegetales,
un escucha de las voces escondidas
de plantas y arbustos,
un hombre de humus, turba y helecho,
un cantero de luz
en el vivero de Parque Avellaneda,
un hombre-tierra, terco y tierno,
un árbol sólido,
florecido,
nunca vencido,
siempre renaciendo.
un cuidador de espíritus vegetales,
un escucha de las voces escondidas
de plantas y arbustos,
un hombre de humus, turba y helecho,
un cantero de luz
en el vivero de Parque Avellaneda,
un hombre-tierra, terco y tierno,
un árbol sólido,
florecido,
nunca vencido,
siempre renaciendo.
RECUERDOS DE INFANCIA
A don Enrique
Diéguez, donde habite
Una mañana.
Un día de ira.
Una escalera y la puerta-cancel.
Una vereda.
Un eclipse de sol.
Un jazmín florecido.
Una ventana.
Un balcón.
Un patio.
Un televisor.
Dos hijas flequillo al
viento.
Enrique y mis primeros
libros.
Enrique volviendo del
centro por la avenida Beiró.
Enrique y la historia del
barrio.
Navarro y Campana,
donde Villa del Parque y
Devoto se unen.
Enrique y sus relatos.
Enrique-recuerdo.
Enrique-atardeciendo.
Enrique-en-paz.
Ya forma parte del
paraíso perdido.
Lo voy a extrañar.
PATRIA
INTERIOR
A los manes
que nos precedieron en el viaje
No
hay beatitud más grande
que
el haberlos conocidos, almas queridas que partieron.
El paso de los años
las hace más cercanas:
en
el soplo de vida que infunden,
por
la prudencia que masticaron
con
dientes de piedra,
por
la templanza
que
forjaron
a golpe de martillo,
a golpe de martillo,
en
los recuerdos redivivos
que
aletean junto a las ventanas
cada tarde.
cada tarde.
Sobre los hombros del dolor,
anchas
espaldas pacientes,
nos
protegieron,
dieron
al viento de la calle,
al
susto de la noche,
al
andar agitado,
esas
veredas,
esas
baldosas -cada una un mundo-
con
sus resquebrajaduras,
retículas blancas,
retículas blancas,
guardas
ocres,
hilos
de agua,
pigmentos
de acero y musgo.
Los convoco y nombro:
Luis, Amalia, Donato, Dolores, Ramón,
Jacinto, Sara, Cacho,
Cholo, Haydée, Franci, Juancito...
para que el viento
que los trae y lleva,
golpée
furiosamente
este corazón
adormilado.
furiosamente
este corazón
adormilado.
Sí, los presiento,
manes agrarios
de
la patria interior
que me arrebata,
que me arrebata,
Arcadia
feliz,
tierra abisal
donde
brota
el héroe,
el héroe,
el
santo,
el
loco,
el
nómade.
Corazón: escúchalos y arde.
LIMONERO
Tu
fiesta de frutos dorados
es
ahora
una cruz sin hojas
mi
limonero está muriendo
desconsolado
busca
la tierra
que lo nutrió:
sueña
con
huertos
diáfanos
oro
antiguo
donde
agitó
sus
oscuras ramas
En
el centro del jardín
agoniza el limonero y no sé
cómo hablarle, rogarle,
cómo hablarle, rogarle,
bajo
la fina lluvia
de
este anticipado otoño,
no sé con qué pócima,
elixir o conjuro
elixir o conjuro
revivirlo.
¿plantarle un hijuelo, dos, cinco
para
que lo acompañe en
su soledad
-que
es también la mía- y
velen su sueño último?
velen su sueño último?
No
te vayas limonero.
Mamá
está lejos.
Me
duermo bajo sus ramas de bronce
esperando
un milagro,
otro milagro,
otro milagro,
en este
domingo de Resurrección.
EL HOMBRE
QUE QUERÍA SER ÁRBOL
Oteaba
la otra ribera,
la
plagada de glicinas,
la
jubilosa,
la
de los días luminosos
que regresaban.
que regresaban.
Estaba
destinado
a las guirnaldas,
a las campánulas,
al
tamborileo de las casuarinas,
Al
inmenso jardín del dios escondido.
Intuyó que había
nuevas
y sorprendentes albas
planicies
de reposo,
odiseas
entre tanta enredadera,
laboreo
en aldeas,
pulpas,
arcanos que arden,
arcanos que arden,
fractales
granadas.
A
fuerza de arrebatos
cambió
su arquitectura:
entonces fue ungido rey de los alisos:
entonces fue ungido rey de los alisos:
Pródigo
en vientos,
entramado
con lluvias y sequías,
mezclado
con líquenes, pájaros
y cielos infinitos,
el Hombre fue árbol.
Rodeado
de tierras duras -pastosos ocres-,
musgos verdinegros,
musgos verdinegros,
encendió
la vida, los
días de la vida.
Obra, óleo, estímulo,
catexia, pulsión,
fluencia, multiversidad,
savia, vibración.
savia, vibración.
Silencios. Bruma.
Entonces fue rey, rey del Mundo.
Rey de paisajes ardidos,
rey
de paisajes arrasados.
EL AJENO
No
ha de darnos tregua este viaje.
No
es cosa de andar con llanto y castigo.
Ya
el desprecio es suficiente.
¿Para
qué tanto perdón
y
mensajes que no devolverán?
De
tanto en tanto me pregunto:
qué
metal les ha recubierto el cuero,
qué
cuero les ha recubierto la piel,
qué
piel los ha vestido,
No
hay palabra, agujeta o abridor de lata
que
pueda meter cisura o rasguño.
Respiro
profundo y me sigo inquiriendo.
Persisto
centrado en símbolo:
cruz, rosa, flama.
cruz, rosa, flama.
Ellos no están allí
–tierra
de lo consagrado-
en
ofensas,
desdenes,
risas
de hienas
y declaraciones.
y declaraciones.
Camino
con mi dios y sólo El sabe...
RESPUESTAS
AL CRISANTEMO
Digo
que sí, flor de muerto, flor de santa.
Las
rosas son lacerantes, antimonia,
pero
no por sus espinas.
Pronto
se marchitan
y
nos dejan sin despedirse.
El
amor no es diamante,
coronaria
insomne.
No
hay que ir a buscarlo.
Tarde
o temprano, llega a nosotros
como
hiedra venenosa.
Vive
sola, manzanilla dulce
de ojos albos.
de ojos albos.
Soporta
el dolor
y
las macetas con malvones.
Aguanta
la humillación
de
los agapantos
extendida por lustros.
extendida por lustros.
No
debés cambiar
por la exigencia de un otro.
por la exigencia de un otro.
Creá tu propia leyenda,
Cultivá la semilla eterna,
ora et labora,
sin precio de venta.
ora et labora,
sin precio de venta.
Vertí, por fin, tu licor amoroso.
EL
ASOMBRO
Miércoles
17 de febrero de 2010
"El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino nuevos ojos”. Marcel Proust
Durante
siglos la lluvia ha caído
sobre
nosotros
lloviendo
y lloviendo, hemos visto deambular
los
cuerpos encendidos, las madrugadas y los trenes.
Ellos
nos llevaron por caminos de viento.
Partimos
hacia donde el llamado de la sangre
nos
convocara.
Prevalecieron
el sueño, el dolor, y apenas, la dicha.
Lo sé porque he mirado desde el corazón.
Desde
el sitio de tus ojos he mirado.
Desde
el tibio río de tus ojos he mirado.
Y
sigo mirando.
Desde
una copa vacía, en albas desoladas
he
mirado.
Transitando
las calles de una ciudad humana
he
mirado.
Y he mirado tu pasado: reconstruyendo los días de lluvia,
los
días de adolescencia y los tiempos del amor de primavera,
cuando,
¡oh pasajera!, te dormías en atardeces arbóreos.
Si
me preguntaras –porque todo lo preguntás- cómo lo sé,
te
diré: a través de tus ojos lo he mirado.
Desde
el tibio río de tus ojos he visto:
antiguos
universos en expansión,
azules árboles reverdecer,
el
viento posarse en las avenidas,
los
trabajos de la existencia humana,
las
edades del universo,
el
núcleo de la Tierra
enfriándose,
los
asteroides caer a mil corazones de energía.
También
visto el llanto.
Abrazar
la piedra,
cubrir
la vida con un océano de vida,
deambular
por pasillos y paredes blancas,
entrar
a cuartos asépticos
Y
celebrar el bautismo de un nuevo día.
Durante
milenios, siglos y días
La
lluvia ha caído sobre nosotros.
Lloviendo
y lloviendo sobre el alma,
tantas
veces a la intemperie
porque no hay
porque no hay
refugio
donde cubrirla,
no
hay descanso para concederle,
no
existe conjuro que aleje el odio
y
las devastaciones.
Como animal herido
me
alimento de mis poderes,
me
nutro del agua del temporal,
suelo
acostarme en los empedrados y en las plazas,
y
duermo la vigilia de mis sueños.
Me
expongo a la lluvia.
Quiero
la lluvia.
Aunque
tu luz va poco a poco
secando los goterones
secando los goterones
y alejando los aguaceros.
Aunque
el resplandor de estos días
Me
desnude las excusas.
Porque,
con tanta luz
¿cómo guardaré mi
¿cómo guardaré mi
transfigurada
melancolía?
¿qué
preguntas fingiré a la desterrada tristeza?
¿Qué
canción o elegía recitaré?
¿Cuánta
muerte arrojaré en su lugar?
Iluminás
mi mirada pluviosa,
Hacés
brillar mi espejo nocturno,
Poblás
de sol mis jardines abandonados.
Pero
yo no te exalto,
Ni
creo alrededor tuyo un ídolo
Al
cual adorar.
Agradezco
que haya amanecido.
Doy
gracias por el día.
Doy
gracias al equilibrio inestable
De
luz y noche,
De
alegría y desdicha,
De
lo solar y lo lunar,
De
lo fasto y lo nefasto.
Agradezco que me ayudes
a mirar por tus ojos,
Descubriendo
nuevos abismos
y horizontes no creí llegar.
MIENTRAS ESCRIBO
Escribo mientras zozobro absorto en tu mirada,
recordando las últimas noches.
insomne, tibio, afiebrado.
Evocando tu voz jamás antes escuchada.
Presintiendo unos ojos que no olvido
y palabras que en tantos años no acudieron a mí.
Escribo mientas la galaxia prosigue su navegar,
Irreductible a las pequeñas y grandes alegrías.
Quiero dejar sellado “algo”
que desde nos “conocemos”
que desde nos “conocemos”
va sedimentando en este corazón.
¿Hablo yo o habla mi corazón?
Es El quien habla y ordena.
Trastocado en su centro,
pierde las dimensiones de lo humano,
pierde las dimensiones de lo humano,
para elevarse hasta lo Inefable.
Es El quien padece las consecuencias
del temporal de Amor que lo azota,
De la lluvia de aguzados goterones.
De esta enfermedad mortal
que padece tan gozosamente.
Y hasta aquí llegan tus signos,
mujer primaveral:
lo nimio se vuelve sagrado,
y lo sagrado, cotidiano, cercano.
¿Cuánto tiempo ha pasado
desde que acaecimos en la esfera-mundo?
¿Horas, años, decenios?
desde que acaecimos en la esfera-mundo?
¿Horas, años, decenios?
¿O he dibujado un eterno presente
que creo irreal por su delicada magia?
¿Es real este tiempo?
¿Son reales tus palabras, salvíficas, abarcantes,
que sanan mis heridas?
que sanan mis heridas?
¿O es acaso el milagro de tu irredenta primavera
que nunca declinará?
¿Existe verdaderamente este cordón de oro
que cuido como a una paloma,
amenazadas por fortificaciones
vanamente construidas?
vanamente construidas?
En esa mujer celeste conviven
la dulzura y la fuerza,
la dulzura y la fuerza,
la alegría y la furia,
la certeza y lo imprevisible,
la certeza y lo imprevisible,
la ternura y los sonidos de la sangre.
¿Existe esa mujer?
¿O la edifiqué en días luminosos,
¿O la edifiqué en días luminosos,
cuando el peso del dolor
cedió paso a la aurora?
cedió paso a la aurora?
¿Es real este tiempo?
¿Es real esa mujer-ángel
cuyo paso liviano
y sus alas
cuyo paso liviano
y sus alas
son apenas visibles
en el aire de amor?
en el aire de amor?
Si yo la soñara no podría ser más semejante a mi
sueño:
fervor que ha derribado la distancia
pasión que avanza al galope de un tropel de caballos
sutileza que arrasa el canto melancólico
aura dorada que clarea como álamo
ternura que destrona antiguas certidumbres.
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