DIARIO POÉTICO
Publicado en diciembre de 1989, reunió mis primeros textos (datados de 1975) y los que devinieron hasta los primeros años de la década del '80. El poemario estaba integrado por más de sesenta poemas (o intentos de serlos), organizados bajo los subtítulos: CONTRAPODER, VEREDA, FULGORES, EDAD DEL HIERRO y OTROS POEMAS.
La partida
Pues bien,
la partida es un cofre de
tristeza arcana,
desiertas calles,
memoria completa de días y sueños.
La partida es quedarse de a pie,
solo, frente a un muro de ciegos,
con la amarga inquietud
de creerse eterno.
Alma-poesía
Después de tanto tiempo
vuelvo a vos.
Desde donde partí, pero distinto:
las calles, el corazón, los juegos que
nos sabíamos jugar.
Uno es infinitamente distinto.
El fuego que recogíamos en tardes y tardes
se apagó. Brilla otro, más azul.
Y la vida nos fue tirando cenizas, puertas pesadas
pero invisibles,
cárceles donde pasamos madrugadas.
Hacia el oeste no fui más: allí se gestaron mis emociones.
Allí nacieron, crecieron y pasaron a mejor vida.
¿Qué tono salir a encontrar para pintarte?
¿Qué miríadas de ternura dejar sobre avenidas húmedas?
Y así, es entonces preferible que vos vengas tal cual sos:
fraca, dura, no comprometida más que con la emoción,
contradictoria,
mítica y nada civilizada.
Tal como nadie, en una edad de furia.
VEREDA
Días postergados
Una vez creí tener párpados cristalinos.
Soñe que era de día,
que el calor fundía las piedras
y los aguaceros eran sólo lágrimas
de un étereo globo cósmico.
Era por septiembre
y en el techo se posaban
las delicias de la aurora.
¡Pasaron tantos septiembres!
Tal vez ahora regrese el viento.
Rocío por las mañanas
Sopla el aguacero de los pobres.
Las hojas, limpias de tristezas,
elevan su grito destemplado
por tus mañanas del río.
La luna, frágil linterna,
enloquece al abrazo del amor de los días.
Es el momento -dulce aire- que inspira
a nuestros cuerpos permanecer bajo el aguacero.
Por el horizonte, estrellas y ángeles.
Y el rosal, bajo una mancha de oro.
Después de tanto tiempo
vuelvo a vos.
Desde donde partí, pero distinto:
las calles, el corazón, los juegos que
nos sabíamos jugar.
Uno es infinitamente distinto.
El fuego que recogíamos en tardes y tardes
se apagó. Brilla otro, más azul.
Y la vida nos fue tirando cenizas, puertas pesadas
pero invisibles,
cárceles donde pasamos madrugadas.
Hacia el oeste no fui más: allí se gestaron mis emociones.
Allí nacieron, crecieron y pasaron a mejor vida.
¿Qué tono salir a encontrar para pintarte?
¿Qué miríadas de ternura dejar sobre avenidas húmedas?
Y así, es entonces preferible que vos vengas tal cual sos:
fraca, dura, no comprometida más que con la emoción,
contradictoria,
mítica y nada civilizada.
Tal como nadie, en una edad de furia.
VEREDA
Días postergados
Una vez creí tener párpados cristalinos.
Soñe que era de día,
que el calor fundía las piedras
y los aguaceros eran sólo lágrimas
de un étereo globo cósmico.
Era por septiembre
y en el techo se posaban
las delicias de la aurora.
¡Pasaron tantos septiembres!
Tal vez ahora regrese el viento.
Rocío por las mañanas
Sopla el aguacero de los pobres.
Las hojas, limpias de tristezas,
elevan su grito destemplado
por tus mañanas del río.
La luna, frágil linterna,
enloquece al abrazo del amor de los días.
Es el momento -dulce aire- que inspira
a nuestros cuerpos permanecer bajo el aguacero.
Por el horizonte, estrellas y ángeles.
Y el rosal, bajo una mancha de oro.
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