EDAD DEL HIERRO (completo)
Los vencidos
Pedirán por la cabeza de los vencidos, hoy y siempre.
Está entregándose al sueño el Soñador, brilla su arco
hacia la luna. Ha recuperado su viento, la calle en calma.
Agoníza, sin embargo, bajo el horizonte.
Hoy por hoy y siempre.
Los vencidos.
La leyenda azul y el Hombre de Sangre.
Soledad
El pequeño abre su mano
y guarda las monedas del asombro,
la compasión.
¿Qué habrá sido de aquellos hermanos míos,
armas sutiles del odio?
No esperamos, vamos hacia el Otro,
aquel Solitario clavado de pies y manos.
Víctimas y victimarios confundidos.
Flageladores y flagelados
juntos,
al borde del abismo.
Ausencia
¿Adónde estás, alma mía? Ojos, pena, luz cetrina.
Una dulce enfermedad de lluvias pasa devorándome
y el canto corre de boca en boca,
atraviesa labios y campanadas,
tardes de amor disueltas en fiebre.
Si vienen frases viejas,
vos serás la angustia,
la esperanza que no calla,
estos veintitantos años
perdidos y encontrados,
el amor y mis amigos.
Los desesperados
Encontré las campanas de la redención.
Una luz azul me dio de lleno en las vísceras.
Ahora recuerdo a unos desesperados
sentados sobre la Vida,
el árbol donde se ahorcó el Traidor,
la aurora del Viernes.
Demiurgos
Fabricaban esferas en los labios
y un canto violáceo
desprendió de la luna, el mito.
Hay que volver a las fuentes.
No correr por los paraísos,
no subir.
Hundirse con las mismas armas del enemigo.
Alquimia
El maestro es a la vez receptáculo. De él volaron
los mundos, las mareas, el microcosmos.
Por analogía, el hombre alcanzó el sueño de unidad.
¿Para que dicen: Técnica, Producción, Automatización,
si la alquimia es iluminación verdadera?
Solo
Simplezas del hombre solo: menor o mayor angustia,
charcos de nubes, de diluvio enfurecido.
Exclamación y salto hacia la Verdad.
Quedan estos sueños, la sangre.
Razón
Esta prisionera y ama
de cuanto sueño puro hubo en mí,
no cantará ahora que caigo
y abrevo de la nostalgia.
Tampoco estará esperándome en el hundimiento.
(¡Cuánto sueño puro en mí y lo destruiste!).
Arbol
Pureza y desolación.
La noche y el día en el eclipse vegetal.
El aire de los sauces camina por la cabellera
y me acerco
a beber la inocencia.
La rama que se hizo madera
suelta la coronación del cáliz.
Ojos
¿No vieron mis dudas?
¿No escucharon el rugido del volcán,
del tifón,
del cometa?
"Ver a través de la sangre".
Los ojos no saben de luz,
no aprendieron a equilibrar la tristeza de los días,
no comprendieron tanta vida.
Inocencia
¡Estoy tan sucio! Miro, camino por la vida.
No me detengas en el cuerpo.
Aquella luz no era sino ocultamiento.
Pero, ¿de dónde rescatarte?
¿de dónde, primavera, niño, árbol?
Llorar por todos.
Llorar para que resucite indecible y celeste.
Culpa
No es nada, lacra de mi engaño.
Apenas comprendo algo.
El juego de los bastardos no puede seguir, no debe.
Afuera está creciendo la furia, y yo, diminuto,
soy la gota del resentimiento,
el hilo de baba de los miserables.
Mujer
Está quieta frente a la luna.
La sonrisa, los años de los años,
el corazón que rescatará al vencido.
La mujer es el árbol primitivo,
el impulso ascendente al Uno y a la muerte.
Ahora que estará detrás de la muerte,
vendrán a fundirse el alcohol,
los pesares
y la alegría que pasa.
Amor
Ella me espera en el barrio, sentada en el cansancio.
Voy aferrado a mis miedos, esperanzas
y a un corazón cercano y cercado.
Cuando llego, se abren flores en los ojos.
El alma de fiesta,
aún harta de mediodías y desazones.
Aún con sueños de gloria.
No me miento. Descargará vientos, flechas y árboles sobre mí.
Y seré su mendigo.
Ser
El corazón del Otro es el desfiladero,
la muerte verdadera,
el cansancio del corazón suplicante.
Ser es ser corazón:
el corazón fraterno,
el ausente y el presente,
pero al fin "El que es".
Reino
Allí estabas, sentado a la diestra de Dios.
Descendiste y todo fue alegría, piedad, el poder de devolver
las ilusiones, las mañanas y el alma a los muertos por dentro.
¿Dónde estás Señor? ¿No ves que estamos solos
y que el Reino es isla de reptantes, feria de carniceros?
Iluminación
Nada por implorar. Es tanta la descomposición
que es inevitable la aparición de la belleza.
El campo de azucenas cuesta palabras, exigencias,
devastadoras cruzadas de suplicios y entregas.
Es tarde, viene la noche.
Me llevan y voy a despertarme.
Angustia
Los dientes como raíces muerden el corazón:
ternura deshecha.
Oscuridad.
Y esta mañana de sábado
por donde esquinas,
amigos en carnavales y lluvias,
son zarpazos de un tiempo pánico.
¿Inquietud del que cree?
¿Aires de ayeres como mariposas
de huesos?
El plexo, amor, fantasmas, dudas.